La equívoca guerra del New York Times contra la economía de pares

Hace casi un año conversábamos sobre la “economía de pares” en el II Cyberspace Camp Andino (presentación, aquí: Presentación Sharing Economy Cyberspace Camp 24.08.2016) y ya entonces señalé que al evaluar los beneficios y costos de la economía de pares no debemos caer en la denominada “falacia del nirvana”. Pues bien, eso es precisamente lo que hace el New York Times (NYT) en un reciente y muy duro editorial en el que critica a la economía de pares o, más específicamente a la “economía del cachuelo” (gig economy)[1]. En el citado editorial, el NYT señala que “no hay ninguna utopía en compañías como Uber, Lyft, Instacart o Handy, cuyos trabajadores son a menudo manipulados para trabajar largas horas a cambio de bajos salarios, persiguiendo continuamente el próximo viaje o tarea”[2].

Foto post Uber NYT

¿No hay ninguna utopía? ¿Utopía? ¿Es que acaso el estándar para decidir el marco regulatorio o siquiera la opinión que tenemos de un determinado mercado, industria o compañía es ahora la perfección? Lo importante para determinar si la economía de pares resulta beneficiosa o no para los consumidores o para quienes prestan servicios en ella no es el hecho de que ésta sea perfecta o que no tenga ningún costo, molestia, o aspecto negativo, no. Todo servicio falla o está sujeto a contingencias (nuestro prestador del servicio de internet nos deja sin señal algunas horas, las aerolíneas nos hacen esperar más de la cuenta en algún aeropuerto; a veces justificadamente, otras no). Prestarlo, a su vez, está sujeto a exigencias, demandas o incluso molestias (si Usted tiene la suerte de ser un empleado formal en el Perú, por ejemplo, debe cumplir un horario fijo y debe soportar a jefes y clientes que no siempre son razonables). Lo importante es que, en términos generales, la economía de pares presente beneficios relativos frente a la “economía tradicional”. He argumentado en este blog que es así.

No debemos perder de vista que la alternativa a un servicio en la economía de pares no es necesariamente un servicio regulado perfecto o infalible. La alternativa puede ser no prestar ningún seervicio (y quedarse sin ingresos). En una economía tan informal como la peruana, además, la alternativa a la economía de pares no es sino el ofrecer el servicio en el mercado informal (mucho menos supervisado y seguro).

Del mismo modo, el estándar de análisis a utilizar para determinar si economía de pares debe ser regulada o no (y cómo) no debe ser irrazonablemente exigente: no es necesario que el mercado sea “perfecto” (no existe tal cosa) para determinar que la regulación no es necesaria. Basta que el mercado sea razonablemente competitivo y que las “fallas de mercado” no tengan efectos negativos significativos. Es claro que estas condiciones tampoco se cumplen en muchos mercados tradicionales que actualmente se regulan (o se regulan más de lo estrictamente necesario); pero en ese caso las explicaciones de la regulación son otras[3]. La economía de pares nos ofrece, precisamente, una oportunidad para repensar la regulación y “nivelar la cancha” para permitir más competencia en beneficio de los consumidores.

El editorial del NYT al que hicimos referencia se basa en un artículo previo del mismo diario titulado “How Uber uses psychological tricks to pus hits driver buttons” (“Cómo Uber usa trucos psicológicos para manipular a sus conductores”), en el cual se detallan mecanismos diseñados por Uber, utilizando la ciencia conductual, para motivar a sus conductores a salir a conducir o a estar un rato más en la calle. Así, por ejemplo, Uber les manda mensajes a los conductores a través de la aplicación indicándoles cuándo hay “horas punta” o cuánto les falta para llegar a una determinada meta de ingreso (“¡una carrera más y llegarás a los S/. 200!”).

Según el NYT, estas técnicas —que, por cierto, no le molestan cuando el Gobierno las usa para regular patrones de consumo— permiten a empresas como Uber “explotar a los trabajadores”. Esto no tiene ningún sentido, realmente. Como señalamos en un post anterior, ni los trabajos en la economía del cachuelo son tan onerosos, ni las empresas tienen tanto poder de mercado como para poder hablar de explotación (no, por lo menos, en sentido estricto).

Agrega el NYT que los trabajadores de la economía del cachuelo tienden a ser pobres y a pertenecer a minorías (en Estados Unidos, muchos inmigrantes prestan el servicio) y “reconocen que el dinero que ganan en plataformas digitales era esencial o importante para sus familias”. No logro identificar el problema aquí. El NYT está describiendo una solución como si fuera el problema. ¿Cómo están mejores los prestadores de servicios en la economía de pares? ¿Con el cachuelo o sin el cachuelo?

Termina el NYT señalando que “dado que la mayoría de trabajadores en la economía del cachuelo son considerados contratistas independientes, no empleados, no califican para recibir protecciones básicas como sobre tiempo o salario mínimo. Esto ha ayudado a Uber, que inició sus servicios en 2009, a crecer rápidamente, llegando a contar con 700,000 conductores activos en 2014, casi el triple del número de conductores de taxi y choferes en el país”[4].

Como señala Jeffrey Tucker, sin embargo, el hecho de que Uber haya crecido tanto bajo este modelo también puede ser indicativo de algo: las personas pueden preferir este modelo. Las cargas que representa el derecho laboral les significan en muchos casos recortes en el salario neto recibido. Trabajar en cachuelos a través de la economía de pares les permite complementar ingresos de otros trabajos o negocios o tener más tiempo para otras actividades, con bastante flexibilidad.

Nuevamente, siguiendo a Tucker, si Uber, Lyft, o las muchas compañías que ofrecen “cachuelos” en la economía no son en realidad un beneficio para las personas que las utilizan para trabajar de forma independiente, genial. Que vengan mejores aplicaciones, o que éstos trabajadores sigan buscando un trabajo en la economía “real” (formal o informal). Pero démosles a ellos la posibilidad de elegir.

Sospecho, sin embargo, que ese no es el problema. El problema es que la economía de pares no calza en la “cosmovisión” de algunos que ven el mundo a través de estructuras fijas y de transacciones en las que sólo una de las partes puede ser el “ganador” y la otra es siempre el “perdedor” o la “parte débil”. Curiosamente, esa forma de ver el mundo le podría estar quitando a la gente un mecanismo de mejorar su situación afectando lo menos posible su independencia.

La alternativa, a ese cachuelo, “explotador” y “manipulativo” que ofrece el ser conductor de Uber no es (menos en una economía tan informal como el Perú) ser un empleado formal con todos los beneficios de ley; la alternativa es perder ese ingreso o ser un taxista informal, con menos seguridad y largos tiempos de inactividad.

No se trata, por cierto, de defender a Uber. Esta empresa puede haber tenido prácticas cuestionables como amenazar con liberar datos sensibles de algunos políticos, o tratar de “bypassear” las políticas del Apple Store de Apple. Su CEO, Travis Kalanick es un personaje, por decir lo menos, político. Pero no por castigar a esta empresa vamos a privar a los usuarios de las plataformas digitales (proveedores deservicios y consumidores, ambos) de las enormes posibilidades que nos ofrece la economía de pares).

Lo perfecto es lo enemigo de lo bueno.

P.S.: Geoffrey Manne, profesor de George Mason University y Director Ejecutivo del International Center for Law and Economics, tiene un artículo muy bueno criticando el informe del NYT que dio origen al editorial. Además, se dio el trabajo de elaborar una versión revisada (con control de cambios) que quedó genial y que pueden ver aquí.

————

[1] Por “economía del cachuelo” nos referimos a plataformas que permiten conectar a demandantes de servicios específicos con oferentes de éstos. Uber es el caso más conocido. Aunque muchos de sus conductores se dedican a tiempo completo a prestar el servicio, caso en el cual ya no hablaríamos de un cachuelo, sí hay casos de estudiantes, amas de casa que utilizan sus tiempos libros e incluso empleados que complementan su ingreso de esta forma. Programas como Amazon Flex permiten que la gente haga “cachuelos” como courier en su tiempo libre. En el Perú ya existe, también una aplicación que conecta a los consumidores con técnicos en gasfitería, electricidad, etc.
[2] Traducción libre del siguiente texto: “In reality, there is no utopia at companies like Uber, Lyft, Instacart and Handy, whose workers are often manipulated into working long hours for low wages while continually chasing the next ride or task”.
[3] Ver: Viscusi, W. Kip, Joseph E. Harrington, Jr. y John M. Vernon. Economics of Regulation and Antitrust, Cuarta Edición. The MIT Press: Cambridge, 2005. p. 361 y ss. Viscusi, Harrington y Vernon explican cómo la teoría de la regulación pasó de la “teoría del interés público” a la teoría de la “captura regulatoria” y luego a la “teoría económica de la regulación”, ninguna del todo coherente con la realidad. Al final, la regulación responde muchas veces a intereses particulares de una industria, en combinación con grupos de interés con genuino interés de proteger al consumidor y/o con el interés de las autoridades en incrementar su crédito político, facultades o presupuesto.
[4] Traducción libre del siguiente texto: “Since workers for most gig economy companies are considered independent contractors, not employees, they do not qualify for basic protections like overtime pay and minimum wages. This helped Uber, which started in 2009, quickly grow to 700,000 active drivers in the United States, nearly three times the number of taxi drivers and chauffeurs in the country in 2014”.

Acerca de Mario Zúñiga

Mario Zúñiga Palomino (Lima, Perú, 1978). Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. LLM, The George Washington University Law School. Vicepresidente de Contribuyentes por Respeto. Profesor de Análisis Económico del Derecho en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (2013-2014) y en la Pontificia Universidad Católica del Perú (2012). Estoy en Twitter como @MZunigaP.
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